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Sabina Berman: "La cultura tendría que ser una herramienta para la pacificación"

"Existe una clara lucha contra la corrupción del pasado", destaca la dramaturga, que también señala como "urgente, que se revise la política de seguridad". Por otra parte, "es preocupante que la economía no haya crecido: cero por ciento de crecimiento no es un buen auspicio"

—¿Cuál es su evaluación del primer año de gobierno de AMLO?

Las principales promesas de Andrés Manuel López Obrador fueron tres: acabar con la corrupción, acabar con la pobreza y acabar con la inseguridad. Tenemos que partir de ahí.

En el primer tema, existe una clara lucha contra la corrupción del pasado. Hay un cerco que se va cerrando alrededor de algunas de las figuras más oscuras del sexenio pasado. Y es algo gravísimo: algunos lopezobradoristas consideran que alrededor de 80 por ciento del presupuesto terminó en manos de particulares.

En el terreno de la pobreza, efectivamente se han distribuido miles de millones de pesos entre la gente más pobre del país. Se habla de tres millones de jóvenes que están recibiendo una beca.

Sin embargo, es preocupante que la economía no haya crecido: cero por ciento de crecimiento no es un buen auspicio. La reunión del presidente con los empresarios —el 26 de noviembre— me parece una señal de que el presidente está repensando la política económica.

Luego viene la seguridad: el número de homicidios dolosos parece que será igual al de 2018. Hay quien incluso asegura que se rebasará. Es terrible que estemos hablando de 27 mil homicidios dolosos de más o de menos, como si fuera algo normal. Que esa cifra se haya normalizado a ese nivel. Quienes votamos por Morena esperábamos otro resultado y ellos son conscientes de ello. Es urgente que se revise la política de seguridad.

—¿Para usted qué ha sido lo mejor de este gobierno?

El cambio de conversación. Hay un estilo muy distinto en la comunicación que se establece entre el poder y la gente. No en vano la cifra de aprobación es de 68 por ciento —dada a conocer el 26 de noviembre—. Es una cifra muy alta, altísima para un gobernante en funciones. Creo que en gran parte es por esta comunicación activa entre la gente y el presidente.

Todos los días el presidente rinde cuentas. La gente habla a través de las redes. Existe un intercambio

Claro, en este segundo año de gobierno tiene que revisarse lo que está sucediendo con las redes sociales. Existen bots, es claro, pagados por quién sabe quién. Se intuye que hay una inversión de cierta fuerza política, muy derecha, en las redes sociales. Es una barbaridad Twitter. Pero no sabemos si también la izquierda lo hace; incluso si los militantes del partido, por puro amor a López Obrador, crean cuentas anónimas para intervenir esa conversación. Eso tiene que revisarse.

—¿Cuál considera ha sido el peor momento o la peor decisión de esta administración?

—No. Yo no veo así los procesos sociales. Desde mi perspectiva no ha sucedido algo gravísimo. Y eso hay que celebrarlo. Siendo una transición que viene de varios sexenios neoliberales, se pronosticaba que se iba a devaluar el peso, que íbamos a entrar en una recesión. Se pronosticaba un apocalipsis económico. Y no sucedió. Sí hay una economía estancada, en materia de seguridad tampoco se ha resuelto nada.

Me sorprende, en cambio, que el programa que AMLO anunció en campaña para la seguridad no se haya aplicado en sus puntos más importantes. Por ejemplo, la despenalización de las drogas. Estoy segura que existe un consenso nacional de que sería una medida útil despenalizar las drogas, sin preguntarle su opinión a Estados Unidos. ¿Por qué no se ha hecho?

Otro punto que no entiendo por qué se ha dejado a un lado: amnistía para los culpables de crímenes menores, en el terreno del narcotráfico. Es un ejército de personas a disposición del crimen, que viven de la clandestinidad y que no pueden liberarse de su enganche, precisamente porque están fuera de la ley. Esta amnistía no ha sucedido.

Me preocupa también el tema de los feminicidios. Era muy reiterada la posición de la Secretaría de Gobernación de que, si bien era muy difícil solucionar de tajo la crisis humanitaria que representan 10 mujeres asesinadas cada día, sí se tomarían medidas reales para reducir esta cifra radicalmente.

En los últimos meses, las mujeres jóvenes tuvieron que salir a quemar una estación de policía, tuvieron que intervenir el Ángel de la Independencia, rayar el Hemiciclo a Juárez, para que les prestaran la atención. Hace unos días Claudia Sheinbaum anunció una nueva política para la seguridad de las mujeres, crucemos los dedos para que obtenga efectos radicales. Y si funciona, que esta medida se reproduzca en todos los estados.

Morena llegó al poder con la promesa de acabar con ese país al que nos habíamos acostumbrado: un país donde no llegaba el dinero público a la gente, donde la inseguridad era creciente. Tanto quienes votamos por ellos, como los que no, tenemos derecho a exigir que sean mucho más radicales, innovadores, en las medidas que toman.

Lejos de lo que censura la derecha, esta opinión de que el país se va a desbaratar si se hacen ciertas cosas, mi opinión es la contraria: este gobierno debería tomar medidas mucho más radicales

—¿En términos culturales, cuál es tu opinión de la 4T?

—López Obrador usa una definición demasiado amplia de la cultura, pero resulta que el laboratorio innovador de la cultura, en términos amplios, son las artes. Esto es cierto aquí y en China. Acotar el presupuesto de las artes no es una buena estrategia cultural.

Tenemos un presidente muy interesado en la política y la política social, pero no es un entusiasta del teatro, del cine, de la música. Por lo demás, así fueron también los anteriores presidentes: la inversión cultural ha estado estancada durante los últimos 20 años.

Sucedieron cambios importantes: hubo un reflujo en las élites culturales. Los que eran, ya no son. Quedan sólo algunas figuras en pie. Esto es saludable: que las cosas se muevan.

Llevábamos desde el 2000 con los mismos caciques culturales, los mismos periodistas, la misma gente en los mismos espacios. Y un cambio me parece bien. Se nota el cambio de gobierno

Ahora bien, es cierto que desde la Secretaría de Cultura se mantuvieron las coinversiones con los artistas. Pero no hubo un aumento de la inversión y era algo que esperábamos. No entiendo por qué no hay un proyecto realmente ambicioso. La explicación de que, ante el tema de la inseguridad o la economía, la cultura no es una prioridad, me parece absurda: una persona puede leer y mascar chicle a la vez.

La cultura tendría que ser una herramienta no sólo para la pacificación sino para despresurizar la polarización en la sociedad. Cuando una sociedad tiene cultura para discutir, obras de teatro, novelas, películas, música nueva, la conversación se desintoxica muy rápido. Se crea un ambiente más lúdico, más amoroso, se inclina hacia la belleza.

Eso lo saben los gobiernos de izquierda. Los artistas somos tradicionalmente de izquierda por estas razones. Y me sorprende mucho que este gobierno no lo tome en cuenta. De veras no me explico porque no está sucediendo esto. Hay una decepción del gremio artístico en ese sentido.

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